Hablar hoy de logística portuaria ya no es hablar solo de mercancías, rutas y contenedores. Es hablar también de geopolítica, transición energética, digitalización, empleo y talento. Esa es una de las ideas centrales que ha dejado Ana Rumbeu, directora de Formación de Fundación Valenciaport, en una conversación en la que ha reivindicado el papel de la entidad como punto de encuentro entre innovación, conocimiento y especialización profesional.
Rumbeu ha situado la actividad de la fundación en un momento especialmente sensible para el sistema portuario internacional. Las guerras, las tensiones comerciales, la crisis climática o episodios como la Dana han reforzado, a su juicio, la importancia de infraestructuras críticas como los puertos y, al mismo tiempo, la necesidad de anticiparse a los cambios. En ese escenario, ha explicado, Fundación Valenciaport actúa como “hub de innovación” y también como “hub del conocimiento”, impulsando proyectos, conectando al ecosistema empresarial y trasladando conocimiento útil a las empresas y a los profesionales.
La dimensión del Puerto de Valencia ayuda a entender por qué esa labor resulta estratégica. Según ha recordado, Valenciaport cerró el último ejercicio con 5,6 millones de TEU y 80 millones de toneladas movidas, además de sostener en torno a 50.000 puestos de trabajo entre empleo directo, indirecto e inducido. La previsión vinculada a la nueva terminal norte apunta incluso a acercarse a los 70.000 empleos. Más allá de la cifra, Rumbeu ha insistido en una idea clave: el puerto demanda cada vez perfiles más diversos y especializados, desde comercio internacional hasta robótica, derecho, ADE, informática o análisis de datos.
Ese cambio de paradigma explica también la vigencia del Máster en Gestión Portuaria de Fundación Valenciaport, uno de sus programas emblemáticos. El título alcanza ya su 34ª edición y ha superado los mil antiguos alumnos, muchos de ellos hoy en puestos de responsabilidad en empresas, departamentos y puertos. Para Rumbeu, una de sus fortalezas está en su conexión directa con la realidad del sector: profesorado en activo, enfoque práctico, actualización constante y una potente red de contactos. A ello se suma una inserción laboral muy elevada y una marcada dimensión internacional, con presencia en países de América Latina y actividades como el viaje académico a Londres.
La oferta formativa de la fundación no se limita, en cualquier caso, al máster. Rumbeu ha avanzado la apertura de la campaña de la 35ª edición y ha repasado otros itinerarios con clara orientación al empleo, como el curso de representante aduanero, la quinta edición del programa para maquinistas ferroviarios o el próximo regreso de la formación para estibadores. Son programas que responden a necesidades concretas del mercado y a una evidencia que atraviesa toda su intervención: la logística portuaria necesita profesionales preparados para un entorno cada vez más técnico, cambiante y exigente.
En paralelo, Fundación Valenciaport está incorporando a su catálogo herramientas y metodologías ligadas a la nueva economía del dato: simuladores, realidad inmersiva, cámaras 360, escenarios para la toma de decisiones, inteligencia artificial o gemelos digitales. Rumbeu lo ha resumido con claridad: la tecnología no elimina la necesidad de personas, pero sí obliga a formar mejor a quienes tienen que interpretar la información y decidir con más rapidez y menos improvisación. Ahí, precisamente, es donde la formación deja de ser un complemento para convertirse en una palanca decisiva de competitividad.