Cáncer de mama: detectar antes, tratar mejor y cuidar durante todo el proceso

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El Dr. Joaquín Gavilá explica cómo ha cambiado el abordaje del cáncer de mama en los últimos 50 años: de entenderlo como una única enfermedad a tomar decisiones cada vez más personalizadas, con más detección precoz, investigación clínica y apoyo integral a la calidad de vida de las pacientes.

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El 19 de octubre se celebra el Día Mundial contra el Cáncer de Mama, una fecha para hablar de detección precoz, investigación y de lo que supone recibir este diagnóstico. En estos 50 años, el IVO ha sido testigo de una transformación profunda: el cáncer de mama ha dejado de abordarse como una única enfermedad para entenderse como un conjunto de tumores con características distintas, tratamientos diferentes y pronósticos cada vez más ajustados.

En este episodio de “IVO, 50 años en cuerpo y alma contra el cáncer”, hablamos con el Dr. Joaquín Gavilá, jefe del Servicio de Oncología Médica del IVO, para entender cómo ha cambiado el abordaje del cáncer de mama y qué retos siguen pendientes.

La conversación parte de un avance decisivo: la detección precoz. La mamografía de cribado permite diagnosticar tumores cuando todavía no han dado síntomas e incluso en fases previas, lo que aumenta las posibilidades de curación y puede evitar cirugías más agresivas, tanto en la mama como en la axila. Pero el episodio insiste también en la importancia de que cada mujer conozca su cuerpo y consulte ante señales de alarma: cambios en la forma de la mama, secreciones, un nódulo nuevo, ganglios en la axila o inflamaciones que no mejoran con tratamiento.

Una vez confirmado el diagnóstico, el siguiente paso es conocer bien el tumor. Hoy las decisiones ya no se toman de forma uniforme, sino a partir de múltiples variables: la edad de la paciente, sus enfermedades previas, el tamaño del tumor, la afectación ganglionar, el grado de agresividad, la presencia de receptores hormonales o alteraciones como HER2. Toda esa información se analiza en comités multidisciplinares, donde los especialistas valoran cada caso y explican a la paciente, con un lenguaje comprensible, cuál es la mejor opción terapéutica.

Uno de los grandes cambios ha sido seleccionar mejor qué pacientes necesitan quimioterapia y cuáles pueden evitarla con seguridad. En los tumores hormonales, que son los más frecuentes, las plataformas genómicas han permitido afinar mucho más esa decisión y reducir tratamientos innecesarios. En otros subtipos, como los triples negativos o los HER2 positivos, la combinación de quimioterapia, inmunoterapia o terapias dirigidas ha abierto nuevas posibilidades.

El episodio aborda también la enfermedad metastásica, donde los nuevos tratamientos han permitido aumentar la supervivencia y reducir el impacto de los efectos secundarios en la calidad de vida. La biopsia líquida, a partir de una muestra de sangre, permite detectar alteraciones del tumor en tiempo real y adaptar mejor el tratamiento a la evolución de la enfermedad.

Además, la conversación se detiene en aspectos que forman parte de la vida de cada paciente y que no pueden quedar al margen de la decisión médica. En mujeres jóvenes, por ejemplo, el deseo de ser madre se tiene en cuenta antes de iniciar tratamientos que puedan afectar a la fertilidad, con circuitos ágiles de preservación mediante técnicas como la congelación de ovocitos o de tejido ovárico.

La investigación clínica ocupa otro lugar central. Participar en un ensayo clínico no significa ser un “conejillo de Indias”, sino acceder, como mínimo, al mejor tratamiento disponible y, en muchos casos, a nuevas estrategias que buscan mejorar resultados, reducir efectos secundarios o preservar mejor la calidad de vida.

Por último, el episodio pone el foco en la Unidad de Bienestar Oncológico del IVO, que integra salud mental, fisioterapia, actividad física y nutrición dentro del itinerario asistencial. En cáncer de mama, este acompañamiento puede ayudar a afrontar el cansancio, recuperar movilidad, manejar el miedo a la recaída, reducir efectos secundarios y mejorar la adherencia a los tratamientos.

La evolución del cáncer de mama ayuda a entender estos 50 años del IVO: detectar antes, conocer mejor cada tumor, ajustar los tratamientos a cada paciente y cuidar también cómo vive cada mujer ese proceso, durante el tratamiento y después.

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