Estudiar Derecho ya no consiste únicamente en conocer las normas o dominar los conceptos jurídicos. En un mercado laboral cada vez más competitivo, tecnológico y cambiante, los futuros juristas necesitan aprender a interpretar la realidad, tomar decisiones, comunicar con claridad y aplicar sus conocimientos ante problemas concretos.
Sobre este nuevo perfil profesional conversan en este episodio Carla de Paredes, decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Europea de Valencia, y Benjamín Prieto, socio y codirector de la oficina de Andersen en Valencia, donde lidera el área de Derecho Procesal, Concursal y Arbitraje. Prieto es, además, consejero de la firma, coordinador de postgrado y profesor de la Universidad Europea de Valencia.
De Paredes defiende un modelo académico basado en el aprendizaje experiencial, en el que la teoría no desaparece, sino que se convierte en una herramienta para resolver situaciones reales. Casos prácticos, simulaciones de juicios, clínicas jurídicas, trabajos en equipo y defensas orales permiten que el estudiante comience a pensar y actuar como jurista desde los primeros cursos.
Esta conexión con la profesión también se refleja en la presencia de profesores en activo y en la incorporación al grado de ámbitos como LegalTech y la inteligencia artificial. La decana sostiene que el mercado demanda profesionales híbridos: sólidos jurídicamente, competentes en tecnología, capaces de comprender el negocio y dotados de habilidades humanas como la empatía, la negociación, la comunicación y la inteligencia emocional.
Benjamín Prieto aporta la perspectiva del despacho y de la selección de talento joven. A su juicio, los perfiles junior suelen necesitar tres capacidades que solo se desarrollan verdaderamente mediante la práctica: criterio jurídico propio, claridad para comunicar y habilidad para gestionar la incertidumbre. El ejercicio profesional rara vez ofrece respuestas completamente blancas o negras y obliga a decidir dentro de amplias zonas grises.
La especialización se presenta también como un factor decisivo. Contar con el grado es imprescindible, pero ya no resulta suficiente para diferenciarse. Los postgrados, el dominio del inglés (y, preferiblemente, de un segundo idioma) y una formación vinculada a la práctica permiten construir un perfil más atractivo. Junto a áreas tradicionales como el Derecho Mercantil o Fiscal, crecen las oportunidades en compliance, gobierno corporativo, protección de datos, inteligencia artificial y LegalTech.
El episodio aborda, además, la importancia de las prácticas, el networking y la orientación profesional continua. Estos elementos ayudan al estudiante a conocer las distintas salidas, validar sus intereses y establecer sus primeros contactos con despachos, empresas e instituciones.
El mensaje final es exigente, pero optimista: el mercado jurídico continúa ofreciendo oportunidades a quienes se preparan bien. La duda ante el futuro es normal; lo importante es que no se convierta en parálisis. Porque formarse no es un gasto, sino una inversión, y nadie comienza siendo jurista: se aprende a serlo con esfuerzo, experiencia y acompañamiento.