La guerra en Ucrania, la rivalidad entre Estados Unidos y China y el papel de Rusia en el nuevo tablero internacional forman parte de una misma transformación global. Así lo plantea Mira Milosevich-Juaristi, investigadora principal del Real Instituto Elcano para Rusia, Eurasia y los Balcanes, en una entrevista realizada en el marco de Go Global, donde ha participado en la mesa redonda Duelo de gigantes en un mundo en metamorfosis.
Milosevich-Juaristi sitúa a Rusia como un actor imprescindible para entender el actual escenario geopolítico, aunque matiza que no puede considerarse una superpotencia en los términos en que lo fue la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Su peso económico es limitado en relación con el PIB mundial, pero su condición de potencia nuclear y su relevancia en el mercado energético obligan a tenerla muy presente en cualquier análisis internacional.
La experta recuerda que Eurasia es un concepto amplio, pero clave para entender la concentración de algunos de los grandes focos de tensión del momento. En ese espacio aparecen Rusia, China e Irán, actores que comparten, con matices, una voluntad de cuestionar el orden internacional construido bajo liderazgo occidental.
En la entrevista, Milosevich-Juaristi explica que la rivalidad entre Estados Unidos y China tiene una dimensión convencional, especialmente visible en Asia-Pacífico, Taiwán o el estrecho de Malaca, pero también una dimensión tecnológica decisiva. La competencia no se limita a los microchips, el 5G o la inteligencia artificial, sino al modelo tecnológico que cada potencia sea capaz de exportar e imponer como referencia en otros países.
En este contexto, Rusia y China no son aliados formales, pero sí mantienen una alineación estratégica en su oposición al orden internacional liderado por Occidente. Para la investigadora, esa convergencia no conduce necesariamente a una nueva Guerra Fría clásica, sino a un orden internacional más fragmentado, en el que las potencias medias tendrán más capacidad de influencia que en el pasado.
La guerra entre Rusia y Ucrania aparece, desde esta perspectiva, como una pieza central de esa reconfiguración. Milosevich-Juaristi señala que el conflicto ha hecho visible una división entre Occidente y el resto del mundo. Aunque los países que han impuesto sanciones a Rusia representan una parte minoritaria de la población mundial, concentran una gran parte del PIB global, lo que refleja la complejidad del nuevo equilibrio internacional.
La investigadora también subraya que Ucrania se ha convertido en un proxy de Occidente y que el apoyo europeo ha adquirido un papel cada vez más determinante. Su análisis en Go Global dibuja un escenario en el que la rivalidad entre grandes potencias, la guerra en Ucrania, la energía, la tecnología y las alianzas estratégicas forman parte de una misma disputa por definir las reglas del mundo que viene.