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La pandemia ha incrementado los casos de trastorno adaptativo y de ansiedad

miércoles, 22 julio 2020

Lucía Guirado

La pandemia de covid-19 ha cambiado el mundo. Una crisis sanitaria, económica, social y emocional sin precedentes que nos pone a prueba minuto a minuto y en muchas ocasiones nos lleva al límite de nuestras fuerzas. No solo nos enfrentamos al coronavirus sino también a otro virus más silencioso que va socavando nuestro estado de ánimo. De esta pesadilla hecha realidad podemos salir fortalecidos o hundirnos en una depresión de la que sea muy difícil salir.  


La doctora Marta Corral Galarreta, especialista en psiquiatría de IMED Valencia, ha participado en el programa de salud de Plaza Radio y nos ha explicado 
qué consecuencias conlleva el estrés acumulado y cómo lidiar con retos como la convivencia familiar, la sensación de encierro o la falta de control sobre situaciones nuevas que ahora forman parte de nuestra rutina y muchas veces nos superan. A veces no se sabe qué es peor, si la incertidumbre o la realidad. “Hemos vivido un apocalipsis y que la realidad supera la ficción”. 



El ser humano no tolera la incertidumbre. Por otro lado, “ el ser humano es intolerante a la incertidumbre porque genera miedo, estrés, preocupación y rechazo. Intentamos tener todo bajo control. La pandemia de covid-19 nos ha demostrado que la incertidumbre forma parte de la vida y que hay que aprender a vivir con ella”, afirma Marta Corral. 
Sin embargo, no todas las personas afrontan igual esta situación. “Creo que no hay un grupo de riesgo claramente identificable. Está claro que las personas con una patología mental previa o un trastorno grave son más vulnerables pero hay diferentes factores que pueden influir como las personas que tienen más ansiedad, son obsesivas o hipocondríacas. Y, por supuesto, un factor determinante son las circunstancias vitales y el entorno. No es lo mismo una persona que ha pasado el confinamiento en un chalé de quinientos metros cuadrados con terreno, piscina, un buen ambiente familiar y un colchón económico, que mujeres que han tenido que convivir con un maltratador o parejas que han pasado el confinamiento con hijos con alguna patología mental, en pisos pequeños o han perdido el trabajo”, señala la especialista en psiquiatría de IMED Valencia. 
También hay que diferenciar dos momentos concretos. Durante la etapa del confinamiento había miedo a la enfermedad, ansiedad e incertidumbre. “Hemos tenido hospitales colapsados, muchísima gente enferma, miles de muertos. Ahora empiezan a salir las consecuencias de estas situaciones: personas que han perdido a familiares, se han quedado en paro o se están adaptando a una situación totalmente nueva”.

Sin embargo, Marta Corral es positiva e insiste en que siempre hay que ver el vaso medio lleno. En su opinión, esta situación ha conseguido que las personas se conozcan más a sí mismos y empaticen más con los demás , algo que es fundamental. 

Ser optimistas. Además, hay personas que han sabido aprovechar la oportunidad y han estado más con la familia o han realizado cosas que por las condiciones laborales o el ritmo de vida no podían antes no podían. Además, cuando alguien se siente vulnerable busca más el apoyo y el cariño de la familia. Destaca que, aunque el ser humano se caracteriza por su capacidad de adaptación al medio y la mayoría de la población no va a necesitar ayuda de un profesional, hay situaciones muy duras difíciles de superar como es el caso de las personas que no han podido despedirse o acompañar a sus seres queridos . “El proceso del duelo es necesario. Tras la muerte de un ser querido siempre suele haber un sentimiento de culpa que en la pandemia se ha agravado por la soledad en la que han vividos sus últimos momentos”. La doctora Corral recomienda no recordar la última etapa sino pensar en la relación mantenida durante toda la vida, apoyarse en amigos y realizar una despedida para normalizar el duelo. 

Tolerancia con los más pequeños. Los niños, al igual que los adultos, han experimentado un cambio impresionante en sus vidas. La especialista en psiquiatría aconseja ser más tolerantes y gestionar con paciencia las rabietas, la irritabilidad y las llamadas de atención de los más pequeños de la casa propias de una situación excepcional como la que atraviesan. Deben tener un clima de tranquilidad y saberles transmitir seguridad y confianza para que pueden expresar sus miedos. Se les debe explicar que las medidas sanitarias se producen sobre todo para proteger a los más mayores y no porque estén en peligro.
 
No subestimar la depresión. Marta Corral recalca que muchas veces no sabemos diferenciar la tristeza de la depresión. Esta última se caracteriza por un estado de ánimo triste, una pérdida de energía, de ilusión, de la capacidad para disfrutar, se padece insomnio y pérdida de apetito. “Es importante la psicoeducación y no minimizar un problema tan serio como es la depresión. Se está normalizando lo patológico y patologizando lo normal. Parece que cada vez somos menos tolerantes a las emociones normales, vivimos en una sociedad en la que hay que ser optimista, estar contento, poder con todo… Y esto no debería ser así. Hay que normalizar la tristeza porque no es una enfermedad sino un estado de ánimo que es normal mientras que la depresión es una enfermedad. En la mayoría de las ocasiones no las sabemos diferenciar y por eso es necesario acudir a un profesional", comenta. 

Equipo multidisciplinar formado por psiquiatras y psicólogos. Pero…¿a qué especialista acudir? ¿A un psicólogo o a un psiquiatra? Marta Corral lo tiene muy claro: “Lo mejor es un equipo integrado y multidisciplinar en el que se apoyen y combinen ambas especialidades. La principal diferencia entre un psicólogo y un psiquiatra es la formación de ha recibido cada uno. Un psiquiatra estudia la carrera de medicina y, posteriormente se especializa en la rama de psiquiatría, y un psicólogo se licencia en psicología. La doctora opina que lo mejor es que las terapias sen complementarias y poder ser atendidos por un equipo donde estén ambos profesionales. De esta forma se estudia cada paciente de forma individual y se decide cómo abordar el tratamiento.

También hay que desterrar la idea equivocada que asocia la psiquiatría con la prescripción de fármacos. La entrevista psiquiátrica es el elemento fundamental en la evaluación de un paciente con una patología mental. Se estudian los antecedentes personales y familiares, el consumo de tóxicos y se realiza una exploración del estado mental. Se prescriben exploraciones complementarias como escalas de evaluación psiquiátrica, pruebas neuropsicológicas, exploración física, analíticas o pruebas de neuroimagen si existe sospecha de alguna patología concreta. En cada caso se decidirá si es necesario la prescripción farmacológica o la aplicación de diferentes terapias.

Lo que es obvio está claro es que esta crisis va a marcar un punto de inflexión en la que deberemos saber cómo actuar para adaptarnos. Por otra parte, la mayoría de enfermedades mentales son provocadas por la combinación de múltiples aspectos. Es decir, tienen una etiología multifactorial. Influyen factores biológicos (alteraciones en los neurotransmisores), genéticos y ambientales (traumas, estrés, una historia de abusos…).

Señales de alarma de un TDAH. En Plaza Salud también se han analizado otros temas que preocupan a los progenitores. En los últimos años se han incrementado los casos de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Marta Corral señala la necesidad que se diagnostique a tiempo porque un tratamiento adecuado evita muchos problemas, entre ellos, el fracaso escolar. Incluso hay adultos que tienen TDAH y lo desconocen. A partir de los seis años se puede saber si un niño padece TDAH. También es cierto que en muchas ocasiones se sobrediagnostican los casos de TDAH por no acudir a un especialista adecuado. Las primeras señales de alarma que nos pueden hacer sospechar que un niño tiene hiperactividad y que hay que acudir a un especialista son los olvidos frecuentes, como dejarse el bocadillo o la mochila, ser excesivamente inquieto, que le cueste estar sentado en clase, ver una película o que interrumpan con frecuencia sin poder contenerse. Además, una persona hiperactiva lo es en todos los ámbitos. Es decir, tiene los mismos síntomas en el colegio que en casa o con otros familiares. Si solo lo tiene en un lugar habrá que analizar si existe un problema diferente.

Otro de los aspectos que inquietan a los padres es cómo lidiar con un hijo adolescente. Marta Corral insiste en que es una etapa crucial en el desarrollo y es imprescindible que se conozcan los cambios que se producen en esta edad: “es normal que los padres pasen a un segundo plano y los amigos sean importantísimos. Es su grupo de iguales y la rebeldía va asociada la adolescencia. Es imprescindible crear un clima de confianza para que confíe.

A veces, los padres acuden a la consulta pensando que su hijo tiene un problema pero el problema lo tienen ellos ya padecen "una frustración generada por no saber llevar que se ha acabado la época infantil”.

Sin embargo, hay que estar atentos y que el comportamiento típico de la adolescencia no se confunda con otros aspectos como el consumo de drogas o un problema mental. Hay que vigilar si existen conductas obsesivas en relación con la comida o el deporte o hay un exceso de irritabilidad. Tampoco debe aislarse ni comportarse de un modo extraño o destructivo. La doctora Corral aconseja dar a los adolescentes su espacio pero que sepan que los padres están ahí para lo que les necesiten. “Hay que hacer un mix: ni ser sus mejores amigos ni ser unos padres estrictos”.

Por otra parte, la psiquiatra de IMED Valencia recalca que podemos hacer pequeñas grandes cosas para sentirnos algo más felices. "Hacer ejercicio, llevar una vida saludable, mantenernos activos o apoyarnos en los seres queridos. Si estamos tristes no debemos aislarnos sino realizar una activación conductual. Es decir, salir a la calle, realizar actividades que nos produzcan placer como pasear, leer o quedar con amigos".

La especialista en psiquiatría concluye que tiene la esperanza que las enfermedades mentales dejen de ser un tabú, un estigma y se normalicen ya que de esta forma se ayuda a las personas que las padecen.

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