La vivienda nueva sigue lejos de cubrir la demanda real del mercado. Esa ha sido una de las ideas centrales que ha defendido Josep Toribio en el stand de Valencia Plaza en Forinvest, donde ha analizado la situación del sector promotor desde la perspectiva de Ibercaja y ha dibujado un escenario marcado por la falta de suelo, la insuficiencia de visados y la presión creciente sobre los precios. Su diagnóstico ha sido claro: la brecha entre creación de hogares y producción de vivienda nueva no deja de ensancharse.
Toribio, responsable de Negocio Promotor de la Territorial Arco Mediterráneo de Ibercaja, ha explicado que el problema no es nuevo, pero sí se ha agravado en los últimos años. Según ha señalado, entre 2014 y 2018 existió una cierta equiparación entre la obra nueva y la creación de hogares, pero desde 2019 esa relación se ha roto. Hoy, ha advertido, España necesita alrededor de 220.000 nuevas viviendas al año para responder a la formación de hogares, mientras los visados de obra nueva se mueven muy por debajo de esa cifra, en el entorno de las 135.000. Esa distancia, ha subrayado, es la que está alimentando el desequilibrio actual.
Durante la entrevista, Toribio ha insistido en que el principal cuello de botella está en el suelo. Ha reclamado un cambio de enfoque por parte de las administraciones y ha defendido que hace falta una respuesta más ágil, coordinada y sostenida en el tiempo. En su opinión, no basta con reconocer el problema: hay que actuar sobre él con decisiones estructurales. Por eso ha llegado a plantear la necesidad de un pacto de Estado que permita generar más suelo, acortar procesos y evitar que cada administración opere con ritmos y prioridades distintas.
En clave valenciana, ha asegurado que la situación es especialmente delicada. Ha señalado que en València el stock de suelo se está agotando y que los nuevos desarrollos avanzan con demasiada lentitud para responder a la urgencia de la demanda. A su juicio, además de incorporar nuevo suelo, también habría que revisar la edificabilidad en determinadas zonas para permitir una mayor densidad allí donde ya existe capacidad de desarrollo. Esa vía, ha apuntado, podría contribuir a contener precios y facilitar un acceso algo menos complicado a la vivienda, especialmente para los jóvenes.
Toribio ha añadido otro elemento al debate: el papel del inversor y del comprador de obra nueva. Ha defendido que en los últimos años no se ha tratado adecuadamente a la inversión en vivienda y ha reclamado un marco fiscal y regulatorio más favorable. Desde su punto de vista, el inversor sigue siendo una pieza necesaria dentro del mercado y debería formar parte de la solución, no del problema.
También ha reivindicado las ventajas de la obra nueva para el comprador final. Ha sostenido que comprar sobre plano sigue ofreciendo garantías y que, en muchos casos, permite adquirir una vivienda con margen de revalorización antes de su entrega. A eso ha sumado un argumento cada vez más relevante: la calidad del producto. La vivienda nueva, ha recordado, incorpora mejores estándares constructivos y una eficiencia energética que hoy marca diferencias respecto al parque residencial más antiguo.
La conversación grabada en el stand de Valencia Plaza en Forinvest ha dejado así una idea de fondo difícil de discutir: mientras no aumente la oferta de vivienda nueva, el mercado seguirá tensionado. Y sin una respuesta más ambiciosa desde el urbanismo, la fiscalidad y la planificación pública, esa presión seguirá trasladándose directamente al precio.