El mercado inmobiliario valenciano sigue instalado en una tensión que, a corto plazo, no apunta a una corrección relevante de precios. Esa ha sido una de las principales conclusiones que ha dejado Javier Serrano en su conversación en el stand de Valencia Plaza en Forinvest, celebrada tras su participación en una mesa sobre pronósticos del sector inmobiliario. El jefe de Operaciones de la Territorial Este de Gloval ha dibujado un escenario de continuidad para 2026, con subidas todavía moderadas, pero sostenidas, y con un problema de fondo que, a su juicio, continúa sin resolverse: la falta de oferta.
Serrano ha explicado que el sector arrastra un “defecto estructural” muy claro. Existe una demanda activa y solvente, capaz de absorber vivienda incluso en segmentos de precio elevados, pero esa demanda no encuentra una oferta que crezca al mismo ritmo. El resultado es una presión constante sobre los precios y un desplazamiento progresivo de la demanda hacia municipios del área metropolitana, donde los valores también han empezado a acercarse a los de algunas zonas periféricas de la ciudad de València.
Desde esa perspectiva, ha apuntado que 2026 previsiblemente mantendrá una evolución similar a la de 2025, con incrementos de precios que podrían moverse en una horquilla de entre el 4% y el 6%. No ha anticipado una aceleración descontrolada, pero tampoco una caída. De hecho, ha sido tajante al resumir la situación: “Pensar que los precios de la vivienda van a empezar a bajar no está ni cerca”. La razón, ha insistido, es sencilla: no hay producto suficiente para absorber la demanda existente.
La entrevista también ha servido para abordar uno de los grandes debates del momento: cómo facilitar el acceso a la vivienda, especialmente para las generaciones más jóvenes y para los hogares medios. En este punto, Serrano no ha ofrecido recetas fáciles. Al contrario, ha reconocido que la solución no es inmediata y que el problema exige actuar sobre varios frentes al mismo tiempo. Entre ellos, ha señalado el incremento del suelo disponible, la agilización de los procesos urbanísticos y la colaboración público-privada para acelerar plazos que hoy resultan incompatibles con el ritmo real del mercado.
A su juicio, uno de los grandes cuellos de botella está precisamente en el urbanismo. Ha recordado que transformar suelo puede requerir entre diez y veinte años, mientras que los ciclos inmobiliarios y económicos cambian en periodos mucho más cortos. Por eso ha defendido que con el suelo actualmente disponible no será posible corregir el desequilibrio entre oferta y demanda. Junto a esa reforma de tiempos y procedimientos, también ha señalado la industrialización de la vivienda como una de las vías que podrían ayudar a ganar eficiencia.
Serrano ha añadido además otro elemento clave para entender el comportamiento del mercado valenciano: el atractivo creciente de la ciudad. Ha subrayado que València ha ganado peso dentro del arco mediterráneo gracias a su calidad de vida, su oferta universitaria, su clima y su proyección internacional. Esa combinación ha reforzado una presión demográfica que sostiene la demanda, incluida la del inversor internacional, que también mira a la ciudad como una alternativa atractiva en el actual contexto.
La conversación grabada en el stand de Valencia Plaza en Forinvest ha dejado así una fotografía nítida del momento que vive la vivienda en València: una demanda fuerte, una oferta insuficiente y un acceso cada vez más difícil para amplias capas de la población. Un diagnóstico incómodo, pero realista.