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La honestidad del bookstagramer

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En un curioso ejercicio de viaje en el tiempo —grabado a principios de enero para emitirse en abril—, el equipo de La Plaza de las Letras dedica este episodio a diseccionar un fenómeno que ha transformado la prescripción literaria: los bookstagrammers. Aitor Pilán, Javier Alandes y Mamen Monsoriu reciben en el estudio a Sandra Felis, responsable de la cuenta Los libros de San, para hablar de lo que ocurre cuando la pasión por leer choca con el marketing editorial.

La conversación arranca con una reflexión de Javier Alandes sobre la evolución de las redes sociales, que han pasado de ser un mero escaparate personal a convertirse en una herramienta profesional, tanto para escritores y editoriales como para una nueva especie de reseñistas anónimos. Sandra, con seis años de trayectoria y más de 10.000 seguidores, se define como una lectora apasionada que comparte sus opiniones, rechazando la etiqueta de crítica profesional o de negocio monetizado.

El punto álgido del debate surge cuando se pone sobre la mesa el "estrés del libro gratis". Javier lee un texto viral de una bookstagrammer anónima que confiesa sentir ansiedad y obligación al recibir envíos de editoriales, sintiendo que debe devolver el favor con una reseña positiva, incluso si el libro no le ha gustado. Aquí es donde se dibujan las líneas éticas del programa. Se distinguen tres estadios en este mundo: el lector altruista que paga sus libros, el que recibe ejemplares a cambio de visibilidad (donde se sitúa Sandra) y el influencer que cobra por promoción.
Sandra Felis se muestra tajante respecto a su ética de trabajo: su moneda de cambio es la credibilidad ante su "comunidad". Confiesa que si un libro enviado por una editorial no le gusta, contacta privadamente con el autor o el editor para explicarles que no publicará la reseña. "No puedo permitirme estar mal ni agobiada, tengo que estar halagada", comenta sobre la presión inicial, aunque concluye que alimentar el ego de las editoriales no merece la pena si el precio es su honestidad. Aitor Pilán, desde su habitual escepticismo, cuestiona la necesidad de validación externa que tienen muchos creadores de contenido, mientras que Mamen Monsoriu aporta la visión del "síndrome del impostor" que sufren muchos al recibir regalos no solicitados.

El episodio concluye con una defensa de la libertad del lector. Frente a la mercantilización de la opinión, donde una reseña parece valer los 20 euros que cuesta un libro, Sandra defiende su derecho a elegir qué lee y qué recomienda, priorizando la conexión real con sus seguidores sobre la acumulación de ejemplares gratuitos o el compromiso con grandes sellos.

 

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