La educación financiera sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes, especialmente entre los jóvenes, pero también en el conjunto de la sociedad. Sobre esa idea ha girado la conversación mantenida con Isabel Jiménez en el stand de Valencia Plaza en Forinvest, donde la directora general de la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros ha puesto el foco en la necesidad de formar mejor a los ciudadanos para que puedan tomar decisiones informadas sobre ahorro, inversión y planificación a largo plazo.
Jiménez ha enmarcado esa reflexión en el propio espíritu de Forinvest, que este año ha vuelto a reunir debates sobre finanzas, tecnología, innovación y previsión de futuro. Desde la fundación, ha destacado dos asuntos especialmente relevantes en esta edición: los retos financieros de la generación Z y la importancia de construir una planificación financiera sólida para el largo plazo. Dos cuestiones, a su juicio, estrechamente conectadas.
En el caso de los jóvenes, ha dibujado un panorama exigente. Ha advertido de que la generación Z recibe más información que nunca, pero no necesariamente cuenta con una mejor base de educación financiera. Al contrario, ha señalado que el exceso de estímulos, la sobreinformación y la presencia constante de mensajes contradictorios o directamente falsos dificultan que puedan desarrollar criterios sólidos para decidir. A eso se suma, además, una realidad económica más dura: pérdida de capacidad adquisitiva, inflación, salarios ajustados y un acceso a la vivienda cada vez más complicado.
Por eso ha defendido que la educación financiera debe empezar cuanto antes. No solo para enseñar a ahorrar, sino también para ayudar a planificar, establecer objetivos y comprender que las decisiones económicas tienen consecuencias a medio y largo plazo. En su opinión, no se trata únicamente de guardar dinero, sino de entender cómo se construye una estrategia financiera personal en un contexto en el que vivir será cada vez más caro y en el que la longevidad obliga a pensar con más anticipación.
La entrevista también ha servido para desmontar una idea muy extendida: que ahorrar, por sí solo, basta para proteger el futuro. Jiménez ha advertido de que, en un entorno inflacionario, el ahorro inmóvil pierde valor real y erosiona poder adquisitivo. Por eso ha defendido con claridad la necesidad de invertir. Eso sí, no de cualquier manera ni movido por impulsos, sino a partir de una planificación ajustada a cada persona, a sus objetivos y a sus horizontes temporales.
En ese punto, ha insistido en que invertir exige saber para qué se invierte. Comprar una vivienda, afrontar gastos futuros, preparar la jubilación o financiar estudios son metas distintas y requieren soluciones distintas. De ahí que haya reivindicado una arquitectura financiera ordenada, con productos adaptados al corto, medio y largo plazo, y con una hoja de ruta clara. Sin destino, ha venido a decir, no hay planificación posible.
Jiménez también ha lanzado un mensaje directo sobre uno de los errores más frecuentes del inversor: esperar eternamente al momento ideal. “El momento perfecto para empezar a invertir es ya”, ha afirmado. A su juicio, tratar de anticipar el instante exacto de entrada o salida del mercado suele conducir a la inacción o a decisiones equivocadas. Frente a eso, ha defendido la constancia, la disciplina y la capacidad de mantener el rumbo pese al ruido de los titulares o la volatilidad de los mercados.
La conversación grabada en el stand de Valencia Plaza en Forinvest ha dejado así una idea de fondo muy clara: la planificación financiera ya no es una opción reservada a especialistas, sino una necesidad cada vez más cotidiana. Y para afrontarla con sentido, la educación financiera resulta tan importante como el propio dinero.